Posteado por: mooringrope | Junio 3, 2008

La Costa de Asturias

Lugar: Costa asturiana
Duración: 6 noches y 5 días
Tipo de viaje: Itinerante
Alojamiento: Acampada (tienda de campaña)
Medio de transporte: Vehículo propio
Presupuesto: Bajo

En la Semana Santa de 2008 me decidí a recorrer la costa asturiana de camping en camping, con un equipaje reducido, dos tiendas de campaña, sacos de dormir, cuatro amigos, muchas ganas e ilusión y una pequeña sartén eléctrica. Esto último es algo que recomiendo usar, ya que en un camping no suelen cobrar más de 3€ por un enchufe, es mucho más cómodo y versátil que el campingaz de toda la vida y además es más seguro. Lo encontrarás con el nombre de sartén eléctrica o pizza-pan, y de segunda mano lo encuentras por unos 15€.

Recorrimos la costa en 6 días y 5 noches, pasando cada noche en un camping diferente. Empezamos en Castropol, porque era un lugar de fácil acceso saliendo desde Madrid y teniendo en cuenta que el viaje dura 6 horas, esto es importante. (Trayecto de ida).

Día 1: El viaje se come el día casi por completo, ya que salimos a las 16h porque tenemos que hacer unos recados antes, y lo que queda lo aprovechamos para descansar un poco. Nos limitamos a dar una vuelta por la zona y ver lo bonito del lugar. Hacemos noche en el camping Vegamar.

Día 2: Nos echamos a la carretera desde Castropol, atravesando pueblos de un encanto extremo, con unas casas preciosas y unos campos verdes como en pocos sitios puedes encontrar. Llegamos hasta El Franco por la N634 y poco después de atravesarlo, un pequeño camino sale del lado izquierdo de la carretera, siento una intuición y me meto por ahí. El resultado es una playa preciosa, una pequeña calita llamada Playa de Monellos (mapa) que tiene un encanto especial. Unos 100 metros de desnivel llevan desde una vista aérea que te deja ver todo el entrante con un inmenso e imponente mar al fondo hasta la playita de piedras, dónde las olas rompen con fuerza contra los laterales, un espectáculo increíble. Si continuamos unos 10 metros por el camino que rodea la cala por arriba encontramos un entrante hacia un bosquecito que rápidamente desaparece despejando unas increíbles vistas laterales de Monellos y toda la costa occidental que alcanzamos a ver.

Continuamos el camino, limitándonos a disfrutar de las increíbles vistas y lo bonito que es todo y llegamos a Navia, dónde disfrutamos de una buena sidra (2.20€ la botella) en la zona del puerto (es la mejor del pueblo) con unas tapas para comer (chorizo a la sidra – 2.90€, entrantes – 3.90€, croquetas – 4.10€; todo eso para 5 personas).
Después de dejar reposar la sidra y hacer una pequeña compra para la cena seguimos nuestro camino hasta llegar a Luarca, sin duda uno de los pueblos más bonitos de la zona, con un puerto precioso lleno de colorido y una disposición de los edificios encantadora. Hacemos noche en el camping Los Cantiles, que está subiendo al peñón del pueblo, más allá del cementerio, al que se accede por una carretera serpenteante por la que en algunos puntos solo cabe un coche. Tiene algunas zonas para parar y las vistas merecen la pena. El camping es bonito y está situado en una zona muy buena, pero el trato no es demasiado agradable, además tiene una disposición muy al estilo urbanización, y a veces te da la sensación de estar bastante encerrado, pero es muy limpio y con muchos servicios. Hasta ahora hemos tenido sol, pero esta noche se empieza a levantar mucho viento y se acercan nubes con mala pinta, así que decidimos echar una lona bien amarrada como capa extra para la tienda. Unas cuantas sidras y unas albóndigas de lata echas en el pizza-pan nos dan las buenas noches.

Día 3: Amanece muy nublado y cuando acabamos de recoger las tiendas empieza a llover. Paramos un poco en Luarca pero la lluvia nos impide dar un paseo, así que continuamos el camino, durante el cual cesa la lluvia. Nos dirigimos hacia Cudillero, casi seguro el pueblo más bonito de los que hemos visitado en la costa de Asturias. Es un pueblo situado en un entrante, con las casas en los laterales de este, formando una preciosa fusión entre estas y la roca.

Es buena idea entrar a Cudillero por la CU-1 siguiendo recto, sin girar a la derecha (mapa desvío) y parar antes de la carretera que baja hacia el puerto en un mirador situado a la izquierda, que da al mar, ya que tiene unas vistas maravillosas. Además la vista del pueblo cuando te acercas desde el puerto es impresionante.

Paseamos por el pueblo y disfrutamos de su encanto. Una señora nos grita desde su balcón para recomendarnos una subida que nos recompensa con una vista panorámica de todo el pueblo, y nos gusta tanto Cudillero que pasamos el día allí, comiendo un excelente menú del día por 10€ (según te alejas de la entrada del pueblo bajan los precios), en el que nos sirven los primeros directamente en la cazuela. Éramos 5 y había comida para 7 u 8, y estaba todo buenísimo, especialmente las fabes con almejas, aunque los escalopines al cabrales no se quedaban cortos.

Se nos empieza a hacer tarde y comienza a llover, por lo que seguimos hacia Piedras Blancas, un pueblo grande sin demasiado encanto, pero dónde se puede encontrar cualquier cosa “civilizada” que uno necesite. Me paro a preguntar a un policía en la puerta de la comisaría por un camping, pero me recomienda otro y me invita a pasar dentro para darme 4 mapas y unos 10 folletos y libros sobre turismo en Asturias, todo un detalle por su parte que además nos ayudó muchísimo en el resto del viaje, una suerte encontrar a aquel policía tan majo, pero para el resto del grupo, mi estancia en la comisaría durante media hora fue objeto de cachondeo durante un buen rato. Acabamos haciendo noche en el camping Las Gaviotas, el más grande de Asturias, donde vivían, según me dijo el dueño, personas desde hace más de 35 años. La verdad es que era increíble, la gente tenía montadas unas casas a base de caravanas y demás infraestructuras impresionantes, que estaban hechas con sus propias manos. Vivimos la construcción de una de ellas, es muy curioso, se juntan todos los vecinos y se ayudan unos a otros. Además el camping cuenta con unos baños y duchas excelentes (0.60€ una ducha caliente), y tiene bar en el cual los sábados (justo el día que estuvimos) hay orquesta y bastante ambiente. Ha sido un día largo y dormimos como troncos, además la noche es agradable y no hace demasiado frío.

Día 4: Nos levantamos pronto y recogemos el campamento itinerante para seguir nuestra ruta hacia el Este. La primera parada es San Juan de Nieva, a dónde llegamos guiados por un motero al que agradecemos ese paseo enormemente. Allí hay una playa extraordinaria donde el viento sopla con ganas de llevarse a todo lo que se encuentre en su camino, un lugar perfecto para practicar kitesurf. A este pueblo industrial minero llegamos por recomendación de nuestra especialista en arte del grupo, en busca de una iglesia, pero encontramos otra, que por lo visto era igual pero no la que buscábamos.
Continuamos nuestro camino hacia uno de los lugares más esperados del viaje, el Cabo de Peñas. Los caminos que hay que seguir para llegar son preciosos, unas carreteras que discurren por laderas verdes inmensas, que se acercan y alejan del mar, el camino es realmente impresionante. Al fin llegamos, y no decepciona. El paisaje es extraordinario, unos acantilados que, con un poco de imaginación, podrían ser el fin del mundo. El viento allí sopla sin descanso, y las olas erosionan la parte baja de los salientes. El faro corona uno de estos, y está acompañado por su hijo mayor, el “nuevo faro”, una antena de radar gigante que gira continuamente. Desde luego el original es más bonito y tiene mucho más encanto, pero el nuevo es más eficaz.

Partimos hacia Luanco, muy cerca de allí. Por estas carreteras da gusto conducir, todo es precioso. En Luanco paramos y sacamos las provisiones y unas barras de pan que habíamos comprado en Piedras Blancas para hacernos unos bocadillos.
El Cabo de Peñas se ha apoderado muy justamente de gran parte del día, y de Piedras Balncas partimos directamente al camping Costa Verde, en la Playa “La Griega”, Colunga. Es muy aceptable, pero los baños dejan algo que desear. Sin duda lo mejor de todo es ir a la salida y recorrer la playa por la parte de arriba y hacer el camino de vuelta por la arena. El atardecer en ese lugar es, sin lugar a duda, uno de los mejores momentos del viaje. Todo es precioso, la luz deja brillos y reflejos a su paso que tornan la imagen en algo surrealista, un momento inolvidable.

Vamos a cenar a Colunga, en un restaurante a la izquierda mirando al edificio central de la plaza, dónde unos platos combinados a un precio asequible nos dejan a todos satisfechos.
Un poco de cachondeo nocturno ayuda a conciliar el sueño en cuestión de segundos.

Día 5: Es el último día completo que vamos a pasar en Asturias, y se nota, todos queremos que dure una semana más. Hoy nos adentraremos un poco en los Picos de Europa, para visitar Cangas de Onís. Pero antes hacemos una parada en Ribadesella, para ver la Cuevona de Cuevas y comer un menú pasable por 10€. También aprovechamos y hacemos las compras para la última cena. Cogemos la N-634 y la montaña se acerca cada vez más hacia nosotros hasta que, antes de que nos demos cuenta, ya estamos rodeados. Cangas de Onís es un pueblo bonito, con algún edificio muy interesante y un par de hórreos preciosos, pero estoy seguro que con más tiempo para investigar por Picos de Europa se pueden encontrar sitios mucho más pintorescos. Y afortunadamente a la vuelta, cuando nos dirigíamos hacia el siguiente camping para hacer noche, nos perdimos. Y digo afortunadamente pero en aquel momento lo pasamos mal, realmente mal. Quizás haya sido el momento más emocionante del viaje. Al salir de Cangas de Onís lo hicimos por el extremo equivocado, pese a que el GPS nos mandaba por allí. Subimos una cuesta que cada vez se hacía más empinada y más estrecha, hasta que al final se convertía en un camino de piedras del ancho de un coche con pedruscos saliendo de la parte derecha que nos intentaban golpear y una caída al vacío a la izquierda. Para colmo hacía un rato que había saltado el indicador de la gasolina y estaba empezando a llover. En las partes de bajada, en primera y con el freno pisado, el coche no paraba. Pero hay que reconocerlo, el paisaje era inigualable, una vez conseguías contener los nervios podías disfrutar de unas vistas casi vírgenes. Atravesamos dos o tres pueblos casi fantasmas, con casas derruidas y cabras paseándose por los alrededores, hasta que al final llegamos a una zona asfaltada cuesta abajo, dónde el coche hizo un falso en un bache y poco nos quedó para salir dando vueltas fuera de la carretera. Sorprendente la reacción de los tres que íbamos en ese coche, a carcajada limpia durante 5 minutos. La verdad es que momentos así son los que uno guarda dentro y no puede olvidar, son los que te enseñan que estamos vivos y lo mucho que podemos disfrutar.
Después de esta aventura paramos en la primera gasolinera y miramos que el coche no haya sufrido daños (al menos hasta donde alcanza el poder de la observación, dado que nuestros conocimientos de mecánica se basan en McGiver). Por fin ponemos rumbo al camping Playa de Troenzo, entre Celorio y Barro. Se está haciendo de noche y el camping no parece muy bonito. El sitio en si no está mal, pero los baños son muy precarios y con un olor no muy deseable. Según nos acercábamos empezaba a llover, y la cosa acabó en diluvio, lo que nos llevó a decidir, siendo esta la última noche, alquilar una caravana. Era muy vieja, pero muy agradable. Esa noche fue inolvidable. Fabada, sidra, cerveza, ron y la mejor compañía del mundo. Aunque lo que pasó después me lo reservo para la intimidad, porque incluye historias de fantasmas y locuras solo posibles tras tantos días de fantasía.

Día 6: Se acabó el viaje. Seguro que ninguno lo olvidaremos jamás. Tres se vuelven para Madrid, pero Marta y yo continuamos un día más, vamos a ver un poco Cantabria y a hacer noche en la casa de mi primo en Castro Urdiales, para disfrutar de un poco de fiesta con la gente de allí.
Dos días después nos reuniremos en Madrid y no hablaremos de este viaje, porque sabemos que las palabras se quedan cortas para describir algo como esto.

Si tenéis oportunidad de hacer un viaje de este estilo, lo único que os puedo recomendar es que no perdáis la oportunidad, porque nunca lo olvidaréis.


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